Milwaukee, la ciudad más grande del Estado de Winconsin, que queda cerca de Chicago, recibe en estos días a muchos adherentes para la Convención del Partido Republicano. Se trata de una de las convenciones menos disputadas en la historia de un partido que se fundó en 1854, cuya ideología se ha construido sobre la base de un conservadurismo social en lo político y la ortodoxia liberal en lo económico, a la que uno de sus fundadores, Abraham Lincoln, le agregó un arraigado nacionalismo federal durante la “Guerra de Secesión”.

En esa guerra los republicanos tuvieron un rol histórico transformador, abanderando la abolición del esclavismo, enfrentándose a la Confederación de los Estados del Sur, que no estaban de acuerdo con liberar a esa masa laboral procedente de África, que era gratuita y cautiva. Luego de cuatro años, entre 1961 a 1865, el conflicto armado acabó con el triunfo del norte más industrial sobre el sur más agrario, lo que permitió consolidar el avance del capitalismo. Carlos Marx, que nunca ocultó su admiración por Lincoln, escribió que el resultado de la guerra “liberó las fuerzas productivas” de la naciente potencia mundial.

Los republicanos dominaron la política estadounidense el resto del siglo diecinueve, porque el otro gran partido (el Partido Demócrata, fundado en 1828) durante la guerra federal se fraccionó, apoyando a los dos bandos. A principios del siglo veinte, seguían siendo los más fuertes hasta que llegó su caída junto a la Gran Depresión de 1929. Fue cuando los demócratas se convirtieron en hegemónicos con Franklin Rossevelt y su socioliberalismo del “New Deal”. Desde entonces, en el imaginario colectivo estadounidense, los republicanos aparecen como “la derecha” y los demócratas como “la izquierda”.

Con Richard Nixon en los sesenta y Ronald Reagan en los noventa, los republicanos afirmaron esa identidad conservadora, sumándole un neoliberalismo a ultranza y, desde la irrupción de Donald Trump, la incorporación del mesianismo religioso en la política.

Coherente con esta ideología cada vez más de derecha, pero además pensando en dejar para el futuro un nuevo líder de su proyecto, el virtual candidato Donald Trump, anunció a su acompañante para la vicepresidencia. Se trata de James David Vance, un senador de Ohio, de 39 años.

Se trata de una persona que vivió una infancia dura, de padres divorciados y ausentes, criado en una sociedad marcada por las drogas y las armas, que encontró en el cristianismo un refugio durante su adolescencia. Ya crecido, se enlistó en la infantería de marina y sirvió durante la ocupación de Irak, en lo que para él siempre fue una “misión para expandir la libertad y la fe”.  

Vance ha apoyado políticas extremas contrarias a la migración. Es un crítico a las medidas de Joe Biden en cuanto al control de los migrantes irregulares, a las que ha calificado como “inaceptablemente permisivas”. También se ha expresado contrario a una “visión exagerada de los derechos” que benefician a la comunidad LGTBI, lo cual, según el homofóbico punto de vista de Vance, está llevando a “extremos no saludables para la sociedad”.

Es crítico a la “Agenda 2030” y a los acuerdos de París 2015, pues postula que “la protección del medio ambiente no puede estar por delante de la protección del empleo de las personas”. Se opone al apoyo financiero de Estados Unidos a Ucrania, pero respalda firmemente al gobierno de Israel, incluso acusado de antisemitismo a los universitarios solidarios con Palestina.

A propósito de Palestina, no es que el gobierno demócrata tenga enormes diferencias con este punto de vista de Vance, que es el mismo de Trump. El 18 de octubre de 2023 declaró el presidente Joe Biden, en una reunión que sostuvo con el gabinete israelí de Netanyahu, en una visita a Tel Aviv: “No creo que haya que ser judío para ser sionista, y yo soy sionista”. Por el curso que ha tenido la invasión israelí a la Franja de Gaza, que el propio Biden y su Secretario de Estado, Anthony Blinken, han criticado por “el número extremadamente grande de bajas civiles” entre los palestinos, ahora Biden matiza su tajante afirmación respecto de su sionismo, con la siguiente frase: “Nadie ha hecho más por la comunidad palestina que mi administración”.

Volviendo a James David Vance, en materia económica no apoya a nivel mundial los tratados de libre mercado y comercio, por lo que postula la necesidad de adoptar en Estados Unidos políticas proteccionistas y aislacionistas.


Te invitamos a leer: Legisladores demócratas y republicanos proponen mano dura en EE.UU. con tema migratorio