25/07/2023 (Ciudad de México). En México, la desigualdad económica continúa con un impacto diferenciado sobre las mujeres, quienes sufren de limitaciones no sólo en la participación en el mercado laboral, que es baja y en donde persiste una brecha salarial, sino también en ámbitos como autonomía económica y acceso a productos financieros.


Ésta es la radiografía que ofrece el último informe de Intersecta, organización sin fines de lucro, en donde se señala que la riqueza se encuentra no sólo mal distribuida, sino en manos de sólo 10% de la población mexicana, que además, son en su mayoría hombres.


Es decir, un grupo de 12.6 millones de personas concentra 57% de ingresos anuales totales, mientras que 50% de las personas más pobres, que suman 63 millones de personas, apenas tiene 9% de los ingresos totales.


Mujeres, las más afectadas por la desigualdad económica


De acuerdo con datos de Coneval (2021) las mujeres concentran mayores porcentajes de pobreza: 44.4% de las mujeres en México se encuentra en esta situación, frente al 43.4% de los hombres.


Según datos de Intersecta, ese indicador no permite ver las diferencias al interior de los hogares, dado que se supone que los ingresos de un hogar se distribuyen equitativamente entre sus miembros.


Ahora bien, esta situación  de desigualdad se agrava en el caso de las mujeres indígenas.  En todas las brechas presentadas por Coneval, las mujeres hablantes de lenguas indígenas presentan porcentajes mayores con respecto a mujeres no indígenas y también con respecto a hombres indígenas.

El 83% de mujeres indígenas que habitan en zonas rurales están en situación de pobreza, y 43% en pobreza extrema.


En comparación con hombres no hablantes de lenguas indígenas que habitan en zonas urbanas sólo 5.5% se encuentran en situación de pobreza extrema.


Intersecta enfatiza que al analizar las características de hogares encabezados por mujeres encontraron más vulnerabilidades debido a que tienen mayor número de personas dependientes económicas que los hogares dirigidos por los hombres.

Por otro lado, las mujeres suelen recurrir a redes de parentesco para acceder a servicios de salud y, en general, dependen más de los ingresos de fuentes indirectas, es decir, del dinero proveniente de otros hogares o de programas gubernamentales.


Esta situación se agudiza en contextos de pobreza, donde uno de cada tres pesos de ingreso para las mujeres proviene de estas transferencias gubernamentales. La inseguridad alimentaria severa se presenta en mayor medida en hogares encabezados por mujeres en situación de pobreza, tal como señaló Coneval.

En temas de participación laboral, el panorama no es más alentador.


De acuerdo con el informe, previo a la pandemia de COVID-19, las mujeres mexicanas tenían una de las tasas de participación laboral más bajas de América Latina: 77 de cada 100 hombres participaban en trabajos del mercado laboral, sólo 45 de cada 100 mujeres lo hacían.

Con la pandemia, se registró un retroceso de más de una década en el mercado laboral, dado que las mujeres se vieron afectadas por una mayor demanda en el sistema de cuidados en los hogares.

Muchas tuvieron que abandonar sus empleos y no les fue posible retomar la búsqueda. En otros casos las mujeres ejercían dobles jornadas de trabajo, tal como el caso de trabajadoras domésticas quienes ejercían trabajo de cuidados y también en su hogar.


En 2021 comenzaron a recuperarse los niveles de empleo de las mujeres con cifras anteriores a la pandemia, pero de acuerdo con datos de CEPAL, 77% de los empleos generados para mujeres tuvieron un ingreso de apenas uno o dos salarios mínimos.

Intersecta destaca que hasta el último trimestre de 2021, las mujeres mexicanas recibían, en promedio, 84 pesos por cada 100 que percibían los hombres por ingresos laborales.


Justicia fiscal y género

Ante ese panorama, según el informe presentado en junio, para lograr una distribución justa y con perspectiva de género, se debe apostar por una política fiscal impulsada por el Estado. “Esta decisión no es técnica, sino política. Dicho de otro modo, los niveles actuales de extrema desigualdad económica y social en México son una decisión política, que puede ser revertida si se impulsan políticas fiscales centradas en la justicia fiscal”, asegura el documento de Intersecta.


Asimismo, enfatiza que esa política debe tener perspectiva de género dado que las mujeres también son tributarias pero poco reconocidas, además de reconocer el valor económico de las actividades domésticas y de cuidados que no son remuneradas, pese a que su valor económico ascendió a 27.6% del PIB nacional en el año 2020, según INEGI.

“Incluir la perspectiva de género en todas las etapas del ciclo presupuestario, tanto del lado de los ingresos como del gasto público —es decir, en la planeación, programación, presupuesto, ejercicio y control, seguimiento, evaluación y rendición de cuentas del ejercicio de los recursos públicos—“. Para ello, concluye el informe, se requiere compromiso político e institucional.