Qué desesperación más grande y anzuelo más potente al que han tenido que recurrir algunas de las oligarquías y de las derechas en México para impulsar la candidatura inflada de la senadora Xóchitl Gálvez. Gritan a los cuatro vientos que la #CandidataX “corre peligro”, que puede ser “asesinada”, “atacada”, que debe optar por autos blindados y escoltas.

“Xóchitl Gálvez corre peligro” es el nuevo titular y opinión favorita de los medios corporativos en el país. Con portadas, titulares, entrevistas y publicaciones en redes sociales, durante las últimas semanas la maquinaria mediática arrancó su carrera para infundir el miedo de que el dictador de Palacio Nacional podría preparar algo contra Xóchitl Gálvez.

Los titulares de los medios de comunicación han avanzado conforme pasan las semanas. Ni Barbie en seis décadas ha pasado por tantas mutaciones como Xóchitl Gálvez en menos de un mes. La hoy #CandidataX transitó de ser la candidata indígena, a la candidata outsider, la candidata empresaria, la candidata ciclista, la candidata valiente, la candidata que apareció “como la Virgen de Guadalupe”, la candidata “víctima del uso de la fuerza de todo el aparato del Estado”, y recientemente, la candidata que “ya logró el empate técnico con cualquier candidato o candidata de la 4T”. O qué tal la candidata que es una “verdadera oponente al obradorismo”, dejando de lado la opacidad, la corrupción y el tráfico de influencias entre otras tantas acusaciones formales y revelaciones que en tan solo unas semanas han desinflado su candidatura, si es que lograron, en algún momento, inflarla.


El manual mediático en torno a la seguridad de Xóchitl Gálvez comenzó con la revista Siempre, cuya directora general es la priísta Beatriz Pagés, partícipe férrea de mítines y discusiones contra el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

El seis de julio circuló por las redes la portada de su revista con el titular: “AMLO crea condiciones para un magnicidio”. En el artículo podía leerse que “El presidente está creando un ambiente que recuerda las condiciones en que fue asesinado el entonces candidato Luis Donaldo Colosio. En esta ocasión el escenario es mucho más peligroso”.

La idea del magnicidio se sembró.

Luego, el 18 de julio, Joaquín López Dóriga, uno de los principales comunicadores de las oligarquías, sostuvo una entrevista con Xóchitl Gálvez, por cierto, una de las más de 200 entrevistas en las últimas semanas según la misma Xóchitl confesaba a Mónica de la Garza. Lopez Dóriga preguntaba:

“López Dóriga: ¿Tú tienes un equipo de seguridad Xóchitl?

Xóchitl: No.

López Dóriga: Pues es un error.

Xóchitl: Joaquín, no soy millonaria yo no vivo en Palacio Nacional yo no traigo camioneta blindada yo no traigo escoltas. Yo soy una mujer que se conduce en su bicicleta la mayor parte del tiempo, no le debo nada a nadie, no tengo temor de que me pase nada Joaquín, porque yo no le he hecho nada a nadie, yo solo sueño que las que venden tamales puedan mandar a sus hijos a la universidad, yo solo sueño con que el joven que hoy no tiene para el camión para ir a la escuela tenga su beca, pero además, aprenda inglés, yo sueño con otras cosas que creo que le pueden dar vuelta a la pobreza en el país si aprovechamos el nearshoring.

López Dóriga: Yo no soy, pero si yo fuera de los estrategas de seguridad de este país lo primero que haría sería ponerte un esquema de seguridad, porque lo voy a decir este régimen no resistiría que te pasara algo.

Xóchitl: Pues espero que el área de inteligencia del gobierno esté funcionando, seguramente entran a mi celular todos los días, Joaquín. Mi teléfono es prácticamente público, ven mis llamadas, ven mis mensajes y se van a dar cuenta que no tengo vínculos con el crimen organizado.

(…)

López Dóriga: Tú no puedes seguir con tu bicicleta, Xóchitl, es una inconsciencia.

Xóchitl: Así voy a seguir con mi bicicleta, Joaquín, claro que voy a seguir con mi bicicleta”.

A la táctica se sumó el presidente del PAN, Marko Cortés. En uno de los programas más recalcitrantes de la ultraderecha, Atypical TeVe, el 20 de julio declaró: “Yo he hablado con ella (Xóchitl Gálvez) y le he sugerido protegerla físicamente porque Palacio Nacional genera violencia y puede haber un ´ofrecido’ o un ‘mandado’”.

Un día después, 21 de julio, Jorgina Gaxiola, ex diputada del Partido Verde y ex integrante de Movimiento Ciudadano, declaró en el mismo espacio transmitido por Youtube, “La gente está preocupada por Xóchitl, que le tengan una camioneta blindada, que por favor la cuiden. Como decía Marko Cortés puede haber un ‘ofrecido’, un ‘mandado’, si llega a pasar esto en las elecciones presidenciales, la responsabilidad cae sobre López Obrador”.

Vino de nuevo Raymundo Riva Palacio el 24 de julio en El Financiero con su columna “No queremos otro Colosio”, en la cual escribió que: “aunque con toda seguridad no es lo que pretende, López Obrador está creando las condiciones objetivas para que asesinen a su inesperada adversaria (…) El problema no es su estrategia para neutralizar el proceso de sucesión, sino el método que está utilizando, que se contamina por el contexto de violencia nacional (…) No es exagerado plantearlo. En la medida en que más atacan desde el poder a Gálvez, más condiciones crean para que alguien decida ayudarle al presidente y sacarla de la competencia”.

“La situación de la que López Obrador es arquitecto es más delicada y peligrosa de la que se vivió desde finales de 1993 hasta el 23 de marzo de 1994 cuando Mario Aburto mató al candidato presidencial del PRI, Luis Donaldo Colosio, Aburto, hasta donde las pruebas hoy en día muestran, fue un asesino solitario confeso”.

Ante este panorama, el Presidente López Obrador declaró por la mañana de este 25 de julio, que “es realmente muy perverso el adelantar lo que no quisiéramos que sucediera, el pronosticar que va a haber un crimen y el Presidente va a ser el responsable, y todo por cuestiones políticas o politiqueras, por la ambición al poder”.

Estas narrativas claramente superan, por mucho, la idea que a la par se va gestando, la de la “repetición del desafuero” de Andrés Manuel López Obrador siendo Jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal, plumas de los medios hegemónicos aseguran que el hoy presidente buscaría por la vía de la judicialización de la política, acabar con Xóchitl Gálvez, ignorando tanto las alianzas del poder judicial con Claudio X González como la constante apertura del Instituto Nacional Electoral por ser parte de una oposición que judicializa sus inconformidades y que llevaron recientemente a que el presidente no pueda referirse a Xóchitl en sus conferencias diarias matutinas.

Latinus, el medio financiado por Roberto Madrazo y su yerno Nickin Gaxiola, la exsubsecretaria Patricia Olamendi y su hijo, el secretario privado del ex gobernador michoacano Silvano Aureoles, entre otros, no tardó mucho en aportar a la narrativa.

El 18 de julio Denise Dresser se montó en la ola narrativa de un “nuevo desafuero”.

En este espacio, mencionó que López Obrador “quisiera archivar el desafuero porque si recordáramos ese proceso antidemocrático que buscaba sacarlo de la contienda, AMLO jugaría el papel de Fox, sería el Fox 2.0, el siguiente traidor a la democracia. Así le gritaron a Fox cuando echó a andar la maquinaria política e institucional contra un oponente, así fustigó la prensa internacional, un proceso oprobioso que contradecía las reglas de la democracia (…) en el 2023 ahora López Obrador hace lo mismo que le hicieron copiando lo que criticó, repitiendo lo que renegó la víctima de la guerra sucia se ha convertido en su artífice. Hoy él busca destruir a Xóchitl Gálvez porque reconoce en ella a una adversaria potencialmente peligrosa”.

Héctor Aguilar Camín no se quiso quedar atrás y el pasado 24 de julio publicó en el diario Milenio:

“El Presidente de México se dispone a repetir en Xóchitl Gálvez el desafuero que le practicaron a él. El presidente activó ya las denuncias penales, que a su vez activarán la investigación de las fiscalías, para construir las acusaciones que permitan desaforar a la senadora y sacarla de la contienda presidencial. El camino es claro”

En realidad, el único camino claro es el de la estrategia de nado sincronizado de la derecha que una y otra vez, incansablemente, busca infundir el miedo y terror en la población para beneficiarse de él. Por ello, es menester del pueblo mexicano disputar la narrativa, el sentido común y el proyecto colectivo, de raíz.