Este 4 de junio marca un día histórico para México. Para muchos, los resultados electorales del domingo representan el último capítulo y certifican el ocaso político del Partido Revolucionario Institucional que durante gran parte del siglo XX concentró todo el poder en el país. La joya más preciada y bastión del otrora partido hegemónico, el Estado de México, dejó de ser su feudo tras 94 años de gobiernos estatales ininterrumpidos. 

Por primera vez una mujer gobernará la entidad federativa con la tasa más alta de feminicidios del país. Delfina Gómez dio la victoria en estas elecciones a morena, el partido fundado por el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, que acudía a la cita histórica en coalición con el Partido del Trabajo y el Partido Verde. Fue en su segundo intento que “la maestra”, como se conoce popularmente a Delfina Gómez debido a la profesión que ha ejercido durante cuatro décadas, consiguió derrotar al Grupo Atlacomulco, dinastía política y familiar que durante décadas controló no sólo la demarcación, sino también el país, con varios presidentes de la República emanados del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y pertenecientes a su clan.

            Quizá conscientes del momento tan significativo, desde muy temprano, los mexiquenses  se formaron para votar en varios de los puntos habilitados como casillas electorales. En lugares como Tultitlán, las urnas instaladas abrieron tarde y no a las ocho de la mañana como estaba establecido. En la primaria donde Pablo Alvarado Hernández, de 65 años, hacía fila pacientemente, la jornada inició a las  8:30, mientras en otra ubicada unos cientos de metros más adelante, a las 8:45. El retraso, sin embargo, no mermó su ilusión por participar en esta jornada. Como él afirma, son muchos los que esperan un cambio en un estado donde más de nueve de los casi 17 millones de su población viven en la pobreza.

            

María de la Luz Martínez Hernández también asistió a votar, “para hacer efectiva la democracia”, según sus palabras. Su principal expectativa era que la jornada fuera transparente, “que no nos timen. Que sea clara, libre”.

Junto a la esperanza de una mejora en la situación económica, el principal reclamo de quienes acudieron a la cita electoral fue enfrentar la crisis de inseguridad y los altos índices delictivos.

Luz María Ávila sostiene que ella asiste a votar porque espera un cambio en ese tema. “Siempre ha sido lo mismo. Siempre con todos los presidentes se ha visto tanta delincuencia. Mucha delincuencia, mucha delincuencia. Cada período ha sido lo mismo, pero ahora, esperemos que se reduzca un poquito más”, afirma. Espera que la nueva gobernadora “se compadezca de la comunidad y que nos de más paz y seguridad”. 

La afluencia fue constante durante toda la jornada y ni los abrasadores rayos del sol detuvieron a los votantes, quienes mostraban orgullosos sus pulgares marcados con tinta al salir. Aún así, la abstención durante las votaciones mexiquenses, fue de casi el 50% de quienes se encontraban inscritos en la lista nominal.

            Poco después de las seis de la tarde, con el cierre de las casillas, comenzaron a darse los primeros resultados. La expectativa se volvió realidad  cuando el Instituto Nacional Electoral (INE) certificó el triunfo de Delfina Gómez al emitir un conteo rápido que daba una ventaja irreversible de cerca de 10 puntos sobre la priista Alejandra Del Moral, que admitió la derrota pese a que en un primer momento se autoproclamó victoriosa de los comicios. 

“Es una victoria de las familias trabajadoras y de las mujeres que hemos luchado porque nuestros derechos se reconozcan. […] Han sido 100 largos años de corrupción y abandono, pero los tiempos cambian y el pueblo se organizó y venció. Este pueblo consciente, que no sabe rendirse, hoy dio una lección de dignidad. Vencimos al abandono y a la corrupción”, dijo Delfina Gómez ante simpatizantes en su discurso de agradecimiento, y calificó su triunfo como “un momento histórico”. 

            Con la victoria en el Estado de México, entidad con casi 13 millones de votantes y con el padrón más grande del país, morena gobernará en 21 de las 32 entidades federativas, es decir, dos tercios del territorio. Y el PRI, aunque arrinconado, no está hundido definitivamente. El partido que dejó como herencia la Revolución Mexicana y que fue hegemónico durante al menos siete décadas no termina de morir a pesar de la agonía. En otra cita electoral que también tuvo lugar este domingo, en Coahuila, obtuvo la victoria con su candidato a gobernador Manolo Jiménez. Con ello, la trinchera priísta a la ola guinda se reduce a este estado, Durango y Coahuila.

Ahora, con las cartas sobre la mesa y el análisis certero que dan los resultados, las formaciones políticas comienzan su reacomodo y enfilan sus estrategias para la batalla final de este ciclo, las elecciones presidenciales de 2024.